"...Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden ..." (S. Pablo, Corintios 13:1)
La primera vez que escuché lo de los "platillos que
aturden..." de la Carta "de las Bodas", recuerdo imaginar al
batería de un grupo de rock dándole con las baquetas a los platillos,
desafinando y ocasionando estridencias y disonancias a lo que tendría que ser
una buena composición ... Sí, lo de los "platillos que aturden" es
como una suerte de alerta que de vez en cuando me sirve para medir la claridad
"decibelios" que pudieran sonar en el corazón de las personas que
quiero ...
El otro día, mi mujer y un servidor tuvimos la oportunidad de asistir al
matrimonio de los hijos (ella ya lo era, y él se convirtió en "hijo"
al casarse) de unos muy buenos amigos, ahora convertidos también en suegros
...
Cuando acabó todo, y a "golpe de watsup", les
agradecí expresamente el que hubiéramos podido participar en el matrimonio de
MyP cuando a mi cabeza también me venía el decirles ¡"gracias por invitarnos a tan
estupenda boda”! . Evidentemente, sobra decir que fue una boda estupenda, un
entorno inmejorable, unos novios guapísimos (ella más que él) y una calidez
humana entre los familiares y amigos (también en la temperatura ambiente) que
difícilmente podría olvidar.
-..."gracias por por habernos permitido participar en el matrimonio", les decía, que decía... Sí, fue eso lo que me marcó a la asistencia a la "boda" de ese día, lo de participar en en "un matrimonio ajeno" y descubrir en ello, algo del matrimonio propio.
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Pocos días antes, mi primera mujer (solo tengo una) me decía
lo "inmune" que me había vuelto ante las películas "pastel"
de chico conoce chica ...puede ser, debe ser la edad del corazón, o igual que
la película era mala a matar.
Yo diría que los novios de esa boda desbordaban una
felicidad inaudita, y por ese "desborde" algo se contagió en mi ...:
Que A. leyera la carta de S. Pablo sin que notara ningún
platillo aturdidor, o que el oficiante D. mencionando a Jesús Nuestro Señor en
las Bodas de Caná, y comentsra que Él asistía como un invitado más ...me hizo pensar en Su presencia y en la nuestra... Supongo que todo eso junto y yo que le sostuviera
mi mano a mi mujer, y notara que ella respondía apretando suavemente la mía ...
comprendí que no solo participaba en la ceremonia, sino que también reproducía
lo que había sido la nuestra tantos años atrás y me gustó.
Y "para inri y más", les puedo añadir que cuando entró la novia y cuando aquella preciosa niña entono el "Ave María" alguna lagrimilla se me escapó como prueba de que el "algodón no engaña".
La cucharilla, fue un simpático recuerdo con el que nos
obsequiaron los novios, una cucharilla para nuestros cafés y azúcar ...y con
ello recordar lo bonito que fue aquello de la luna y la miel. Luna y miel que
les "auguri” deben estar disfrutando de lo lindo ahora ella y él.
Gracias M.y P por casaros y hacernos partícipe de vuestro enlace.
¡Como que casi me haces participar a mí!
ResponderEliminarPerderás pronto la inmunidad, Tomae.
Felicidades a M y P, y a S.
Es hora buena para las cucharillas.
Lolo.
Gracias Lolo ... participas porque estás en las grandes ocasiones.
EliminarSolo pasé a despedirme y nada mejor que un post de bodas, mira por donde.
ResponderEliminarAdiós EX.
¿horas flojas Ex? ...tú no te escapas y bss!
EliminarMuy bonito, tomae, muy bonito. A mí me ha emocionado, la verdad. Me encanta la cucharilla, por cierto.
ResponderEliminarLa cucharilla fue un simpático recuerdo ...y la boda _ceremonia y convite_todo un acontecimiento para refrescar la ilusión de cuantos estábamos allí. Un beso Zambu.
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