Soy lector ocasional, y considero que me falta hábito para
aprender a leer con soltura y no distraerme entre las líneas de un texto. No
por ello, cuando doy con un buen libro
puedo apreciar el placer que se siente al leer.
Sí, he dicho atención junto a lectura pues (y puede que por
que tengo una mente distraída) considero que es un requisito indispensable a la
hora sumergirte en el mundo de los libros.
De todas formas, esa atención puede ir más allá; es como el
oír o escuchar, y para leer un libro no basta con oírlo sino que pienso que hemos de saber escuchar esa voz
en off que suena en nuestro interior
mientras leemos.
Podría decir, y ustedes que leen sabrán lo que hacen, que no solo es una buena
práctica lo de “poner voz”, sino que también
podemos hacerlo de forma diferenciada (y mentalmente) a medida que van
saliendo los personajes.
Así, del mismo modo que nos sumergimos en los paisajes que
pueden aparecer en un capitulo cualquiera como si estuviéramos allí; el poner
voces distintas a cada uno de los personajes
puede ser un método para participar activamente en las conversaciones que surgen en un libro.
Cuando leo, me dejo seducir por el autor del libro, y sé que
aunque es él quien capitanea la historia que me está contando, yo versiono
de alguna manera todo lo que ocurre. Puede
que se trate de dar confianza al autor, de dejarse “engañar” porque sabemos que
esa historia o novelada es ficción y tal vez ese prestar atención se trate de
convertirse en un personaje más del texto en vez de un mero espectador.
Indiscutiblemente es responsabilidad del autor, el saber escribir
bien y atrapar al lector, pero éste (ustedes) pueden hacer algo para que la
lectura sea más ágil, más nuestra y
ciertamente más personal. Con ello pienso
también que con una buena (y atenta) lectura
no solo participamos del texto –que ofrece
la función de guión en nuestro acto- sino que practicamos con creces la libertad.














