Me pidieron que escribiera algo sobre los Mandamientos ( ¡los 10!) y sobre los sentimientos, y si no mal recuerdo quien me lo pidió me dijo algo así como para darme una pista sobre lo que escribir que decía Armonía entre la razón y la emoción: Los 10 Mandamientos y los sentimientos.
Cuando vi el título que me propusieron en el colegio, enseguida pensé en la película de Charlon Heston y en aquella escena en que el actor (interpretando a Moisés ) sube al monte aquel y Yahvéh graba en fuego y escribe sobre la piedra de las tablas de la Ley ese decálogo tan Universal que todos conocemos.
Con ello me lleva a pensar en el valor que tiene lo que está escrito. La escritura es, entre muchas cosas, es la racionalización de un mensaje. Cualquier manual, norma o ley que nos encontremos sea del ámbito jurídico que quieran se manifiesta por escrito, porque así nos sirve no solo para que quede constancia, sino porque supone que se ha redactado desde el intelecto, y si quieren de la razón. También pienso que lo escrito, si se presenta así es porque pertenece al mundo de todos, y a todos por igual, interpretaciones a parte, allí está y sea como fuere allí podemos acceder .
No piensen ahora que estoy refiriéndome al redactado del Decálogo ¡Dios me libre! Sino que cualquier norma que nos sirve como fuente de comportamiento la conocemos o la interiorizamos porque hemos la hemos conocido a partir de la lectura, esto es, de un modo racional.
Si después de conocer esa ley, y si quieren, centramos el asunto en el ámbito religioso, pretendemos actuar en consecuencia, tendremos que dirigir nuestra voluntad para que nuestros actos sigan esas normas de comportamiento, con lo que de nuevo, interviene nuestro yo racional, o nuestro intelecto, ese mismo que nos permite acceder al mundo de lo escrito, que antes les comentaba, aunque no todos puedan acceder en la misma medida.
Y ocurre, que aunque queramos actuar de esa manera, no siempre conseguimos ese objetivo, pues o faltamos, erramos, y si quieren para seguir con el ejemplo, codiciamos …
Y cuando ocurre eso , cuando desviamos nuestro comportamiento según habíamos proyectado racionalmente, si se da el caso, si cometemos la falta, todo aquello que habíamos “emprendido” se desmorona, se va al traste y nace así algo que previamente no estaba escrito : La Culpa.
Pues aquí estamos, con la culpa, algo que nace desde nuestro interior, un interior personal que posiblemente podemos intuir antes de que aparezca, pero cuando lo hace no deja de ser un sentimiento que solo nosotros conocemos. Solo Dios puede medir esa sensación interior, ese sentimiento de separación entre lo que habíamos proyectado hacer y lo que hemos cometido.
Puede darse una especie de juicio personal por no haber cumplido con nuestros propósitos. Pienso sobre esto y caigo en la cuenta que la culpa, la sensación de falta, es también un sentimiento ocasionado por el distanciamiento de aquella norma que que pertenece a todos por igual y que al incumplirla nos distancia no solo de nuestros objetivos, sino del resto semejantes y seres que también decidieron seguir con esa norma de comportamiento. También pienso que como la culpa reside en el mundo de los sentimientos, y la norma en el mundo de la razón, al ser éstos mundos distintos quizá sea ello lo que provoca esa sensación de distancia.
El convivir con la culpa, nos separa del resto, nos aleja, y como la culpa es personal nos encontraremos solos, puede incluso ocasionar dolor -piensen si quieren en el dolor de los pecados o en el dolor por haber ofendido a Dios - si queremos enmendarnos, si queremos encontrar esa armonía entre lo racional y lo emocional sería preciso no solo conocernos, sino que conocer cada rincón de nuestro interior, y para ello hasta los sabios reconocen que siempre ayuda contar con el consejo de un buen pastor.
* canción para mi amiga lolo
* gracias lolo (me lo trajo ella)